- Entre necesidades y nostalgias, hay cosas que se extrañan y no se pueden sacar de donde están y en donde se “dejaron” acomodadas. Me pregunté ¿Qué es primero, coleccionar para atesorar o atesorar para coleccionar? Esta entrega quizá no es para coleccionistas y cazadores de tesoros convencionales o profesionales. Estimados Vistus: Si después de leer este texto van a “buscar” consideren lo que vayan a reencontrar y a replantear. Que lo disfruten.
- Este texto fue publicado en Revistus.Com a finales de febrero del 2022. Hoy lo comparto de manera íntegra para rescatarlo de una pérdida que sufrió dicho sitio y porque deseo que lo recuerde quien en su momento lo leyó y lo disfrutó.
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Guardamos cosas importantes. Coleccionamos lo que nos parece relevante. Si tienes ya una colección de algo observa qué volumen tiene, cuánto espacio ocupa, y “la pena” que vale tenerla.
En cada cajita, en cada casa, familia, barrio, pueblo, ciudad, región y nación… atesoramos lo que nos da esencia y orgullo. De eso sabemos mucho las personas o los ciudadanos que le encontramos sentido a todo esto que he dicho. Quién sabe cuántos sentidos podamos darle a una colección, pero uno sería esa valía que, si extraviamos el objeto o se destruye, nada lo reemplazará aunque se vuelva a erigir, replicar o recuperar. Los materiales de todo lo atesorado tienen su esencia temporal, y por ello se conservan, y se preservan.
Algo de ese volumen está a la intemperie, otros en museos y recintos de resguardo (como los incunables en las bibliotecas). Por eso, actualmente cada recinto theke (caja/armario según la etimología griega), tiene sus reservorios para elementos a resguardo y conservación destinado a estudios específicos por y para especialistas.
Hay tesoros y colecciones que son más compactos y más personales o particulares. El volumen es menor. Atesoramos por algún motivo. Se ubican en algún lugar de la casa. Se caracteriza por la distinción familiar que esta le ha conferido con el tiempo según la herencia y tradición que preservan los descendientes que la resguardan; hasta que, llegado el momento se pueda transferir al estado para ser de estudo público por los interesados expertos y para que sean preservados en dichos recintos.
¿Qué coleccionamos? Coleccionar es atesorar porque, además del valor material invertido en esos objetos, se incluyen las ganas o el deseo de abarcar el Todo (si se logra) o lo más que se pueda, pero poco a poco; acopiamos por oportunidades propicias o programadas. Viajas, buscas, presupuestas y clasificas por cronologías, rasgos, origen, materiales, poseedores previos, etcétera. Todo ello y más será parte de una búsqueda ávida e interesada que dará alegría por lo que se encuentre.
¿Qué coleccionamos? Hay quien colecciona sin invertir nada de dinero o lo mínimo como los souvenirs de las fiestas a las que ha sido invitado. Sí, todo aquello que obsequian en un cumpleaños, en una boda, un evento relevante… Hay quien colecciona objetos emblemáticos de sitios turísticos, ediciones específicas de libros, juguetes… ¡Ufff!
¿Qué coleccionamos? De toda tu colección o colecciones hay una selección especial que quizá está bajo llave o en una caja fuerte. Pero hay gente que, sin ser un coleccionista declarado ni consagrado a ello, tiene tesoros muy particulares, específicos y más oportunos que la misma palabra “oportuno”.
¿Qué coleccionamos? Lo atesorado podría estar en lo más íntimo y secreto de nuestro espacio; como también estaría expuesto en el espacio más disfrutable o consagrado en casa para todo lo coleccionado. Pero mínimo se le tiene a la mano porque le otorgamos quizá una poder “curativo”, “motivacional”, “regenerativo”, “aleccionador”, “evocativo” en fin. Quizá, para no verse uno tan envidioso, las colecciones son “mostradas” con satisfacción y se “suelta” la pieza unos instantes (por lo menos lo que dura la descripción del objeto) sin perderle de vista y sin dejar de ver las manos del observante interesado para no generarse desconfianzas el mismo coleccionista. Aunque sintamos la desconfianza nos gusta demostrar ese placer por lo que coleccionamos y no vernos tan egoístas.
¿Qué coleccionamos? Puede ser tan voluminoso y tangible como intangible, abstracto (en cuanto a la acción mental de “comprender”). Puede ser tan diminuto o nano como universal (por aquello de lo macro, mega, hiper e infinito).
¿Qué coleccionamos? Lo que atesoras debe ser de satisfacción real o disfrutable. Si acumular por tener y no concientizas lo que acumulas, entonces eso es enfermizo. Hay que buscar ayuda profesional.
¿Qué coleccionamos? Si en verdad atesoras seguramente debe ser todo aquello que reúne en absoluto grandes instantes, eventos o experiencias que no regresarán. Algunos eventos son repetibles como, las vacaciones, la Navidad, la Graduación, los funerales por ejemplo; pero cada uno tiene su propia exclusividad que lo hace coleccionable y atesorable. Solo una partícula de ellos se materializa en ese objeto que lo convertí en tesoro y se guardará para revivirlo, motivarnos, alentarte, narrarse…
Atesorar con conocimiento, con conciencia, con sentido de “apropiación” hará posible verificar y valorar el Ser, la Esencia y Concientizar el pasado sobre los pasos hacia el futuro de cada persona.
¿Qué colecciono Yo? Nada en lo absoluto. Pero lo cierto es que las cositas guardadas en cajitas, algunas fotografías “extraídas” del álbum familiar, y objetos que consideré dejar ahí se convirtieron en eso, en tesoros relevantes que de vez en cuando -entre que buscas algo urgente o te da por desempolvar y acomodar- les haces la “visita obligada” como saludando a todo lo arrumbado pero tomándote el tiempo y la comodidad necesarias para luego enmendar, repasar, valorar, replanificar… todo aquello que esos objetos te aconsejan como sabios ancianos.
Todo lo coleccionado y lo atesorado están preservadas en cajas, cajitas, bolsitas y botes, dentro de un closet de la casa de un amigo que me dio chance de guardarlas. Sí, a la distancia extraño libros preferidos por las anotaciones que les hice, tarros para café, objetos conmemorativos donde fui parte de esos trabajos (escuelas), unas cartas de mamá cuando en los noventas apenas se gestaban los e-mails, unos carteles de una exposición del entonces Museo Arte Contemporáneo (de Televisa), unos ejercicios incipientes al pastel hechos por mí y más objetos que ahí me esperan…
A la distancia esa colección es ese tesoro que ahora, si no se los comparto más que enlistándolo, me revive en esa valía de tanto que se puede conservar para seguir “andando”. A la distancia también esa colección de lugares y personas en la CdMx son el tesoro al que le doy el alto valor con la comunicación a través de un chat o viendo sus redes sociales… ¿En qué espacio están tus tesoros y cuánto volumen tiene tus valiosas colecciones? ¿Tus colecciones, están completas? ¿Tus tesoros, son todos?
¡Nos veremos pronto!
Autor: josemanuel.lopezmora@gmail.com
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