De los que me acuerdo siguen siendo mis amigos porque con ellos no hubo palabras finales o de despedida. Con ellos la expresión “seguimos en contacto” refleja simplemente una gran pausa. Donde sea que estén, si es que cambiaron de número telefónico o se fueron a otro sitio físico o digital, seguramente por ahí deben de andar y estar bien. Lo supongo porque es bueno hacer suposiciones y tenerlas en mente. Soy optimista y porque La Distancia, según el tiempo y el espacio, me lo permite y no me ha quedado de otra manera.
Antes de la digitalización eran muy contados los amigos. Ahora tengo casi dos mil en una red social y apenas llego a quinientos en la otra. Por lo que “mis amigos” siguen siendo “muy contados”. Tengo tan pocos que es difícil tener un intercambio fluido y frecuente. Con los más afectuosos o allegados sostengo, mínimo, un saludo de ¡buenas…! Con otros apenas una conversación somera y cortés porque hay que recuperar alguna situación para “acercarnos” de nuevo o contenernos; o para reactivar ese sentimiento gracias a una felicitación, a una duda, a un presentimiento (¡Es que te soñé!), a un viaje (Estaré en tu ciudad), a por alguna necesidad (negocio, intercambio, afinidades, hobbies, etc.). Pero se siente bonito en el corazón cuando los “motoresn de búsqueda” de tus redes te hacen revivir o recordar por fechas importantes.
Mis amigos de siempre construidos por la fraternidad, el compañerismo, la vecindad, las filias (es decir por constancia, por preferencia, por asiduidad…) siguen en la memoria, en un directorio telefónico, en alguna fotografía, o en algún objeto que los evoca. Siguen vivos porque aún no fallecen; no se comunican, ni envían mensajes porque no lo consideran necesario, pero yo aguardo. Raras veces o espaciadamente les envío mensaje escrito ya que generalmente están muy “ocupados” que apenas te responden sincera y amablemente. Luego entonces, sé que siguen ahí con vida; no sé si con buena salud, pero aún no mueren. No sé si con problemas o necesidades, y me los imagino o recuerdo “bien” como la última vez que nos vimos o chateamos. Los recuerdos, a los de siempre, con las últimas expresiones alegres o irónicas de las veces que compartimos la reunión, el encuentro, la coincidencia, el festejo… pero con mucha nostalgia en el corazón.
Los amigos de las “redes sociales”, con los que sostienes contacto y suelen ser muy movidos, gracias a su trabajo o su estatus. Son quienes te animan a “comentar” para afianzar -quizá de esa amistad virtual a física (o real)- como la de tus fraternos o asiduos. Los amigos de las redes sociales son el resultado de alianzas, proyectos, emprendimientos, pero aun así hay una jerarquización (entre esos miles de contactos) que te lo hacen notar los mensajes de texto o los “comentarios frecuentes”. Al menos construyes una expectativa casi motivadora hacia una comunicación próxima y afín a una confianza. Y construyes un hábito comunicativo: si no está disponible uno pues entonces escoges los necesarios de entre tus miles; recordemos que apenas y son unos cuantos amigos seguros en estos contextos virtuales.
Cuando me invitaron a hacer difusión cultural en redes sociales (ACulturatv, Entrevista a emprendedores culturales en PromoIndie y actualmente Revistus, la revista digital) han sido proyectos digitales en que me fui desenvolviendo en los últimos ocho años, y me han “pagado” con muchos contactos que tan solo con saludarles, o comentar sus “posteo” me reactivan los ánimos y las remotas esperanzas de una próxima visita, encuentro o “conversación”. La frecuencia y el sentimiento de amistad radica en los likes, los comentarios, la doce o quince veces que chateamos sustanciosamente cada año, las veces que intercambiamos contactos… eso a distancia por estar en regiones o poblaciones alejadas y cuando coincidimos en la ciudad la amabilidad y el incipiente sentimiento de amistad se vive y se agradece.
Logro reconocer que es una manera novedosa de hacer amigos y qué ideas generas en ti para preservarlos. Hay amigos que son tus familiares, algunos muy cercanos y otros muy alejados pero amables, pero cortantes, pero evasivos, pero prejuiciados… Finalmente se les conservan, se les saludan, se les reserva, etc… porque uno no sabe si vas a quedar con ellos o contigo hacia los últimos años de la vida. En esta reflexión cabe a bien pensar en un proyecto hacia una nueva década o hacia un cambio necesario o inminente. Los prejuicios no son buenos, pero cómo te hace reaccionar un “shock”, una “bofetada del destino”, un “ni modo tuve que…” para vivir y disfrutar los días con las personas; porque en el fondo son el potencial de una nueva amistad.
¡Así es esto de la “amistad”! Y esta reflexión no va con el sentimiento por el día de San Valentín. Ni tiene nada que ver con esa “vibra”, sino por el capital humano con el que cuento en estos momentos ¿Con quién permaneceré? ¡A quién puedo atender de ellos! ¿Con quién me “acomodará” el destino (o karma)? Seguramente de los más amados y fraternos no estarán de inmediato, llegarán más tarde pero llegarán. Seguramente el más extraño y subestimado “amigo/contacto” sea quien tienda su mano o la atención en algún instante.
De unos contados amigos a unos cuantos miles (sumados los reales y los virtuales), relativamente siguen siendo “muy contados” porque las redes así lo dictan. Son pocos, pero eso es lo que he logrado. ¡¡Gracias a mis casi dos mil amigos virtuales sumando las dos redes por ser y por continuar!! ¡¡Gracias a mis amigos físicos de todas las etapas de mi vida por continuar y por ser!!

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